Mi hija se cambió de religión y esto genera muchos problemas en la familia ¿Cómo reaccionar?

En tu pregunta no queda especificado qué tipo de problemas está generando el cambio de religión de tu hija, ni si es ella la que los genera, o el resto de la familia, o la situación en general…
Carezco de la información necesaria para contestar más a profundidad, pero lo que sí te puedo decir, es que la religión jamás debiera ser una fuente de conflicto o división, y menos de la familia.
Podría comentarte también que para que haya problemas o conflictos, se necesitan dos partes, esto significa, que ambos lados están poniendo su granito de arena para generar o recibir roces.
Te invitamos a pensar también tu parte de responsabilidad en el problema. ¿Por qué razón tu hija tuvo este cambio? Tal vez no recibió formación e información sobre la religión que practica la familia; tal vez ni siquiera hubo nunca tal práctica; tal vez no recibió un buen testimonio de parte de ustedes; tal vez es un intento de buscar la verdad, porque en su casa nunca se le planteó cuál es la verdad.
Creo que, si hay problemas a raíz de esto, ya los había desde antes. Tal vez este tema fue la gota de derramó el vaso, pero nos parece que desde antes debe haber faltado tal vez coherencia, comunicación, ternura, búsqueda de la verdad, oración, respeto, etcétera.
Lo que sí te podemos decir es que, con una buena comunicación, basada por supuesto, en el amor, el respeto, la escucha atenta, la comunicación, la acogida, el conocimiento y la verdad, todo se puede arreglar. Aunque sepamos que tenemos la razón porque hemos buscado la verdad y estamos convencidos de haberla encontrado, no podemos rechazar de entrada a las personas que no piensan como nosotros, y menos si son miembros de nuestra familia. Lo que hay que hacer es escuchar y mantener un diálogo profundo y fecundo (como siempre debe ser un auténtico diálogo) y tratar entre todos de buscar esa verdad, dispuestos a reconocerla y seguirla. Pero para esto, es muy importante haber hecho esto desde siempre con nuestros hijos. No podemos exigirles algo que nunca les hemos dado.
Si el diálogo personal no es posible, siempre queda el recurso de una carta por escrito, donde también desde el amor, el bien y el respeto, le demos a conocer nuestro pensamiento acerca de la situación, y nos ofrezcamos a escucharla y ayudarla a buscar su camino.
Repito, siempre lo más importante es el testimonio: actuar desde el amor que le tenemos, recordando que precisamente, el amor, es buscar siempre y en todo momento su bien mayor. Nosotros debemos ser un bien para nuestros hijos, si no, no estamos siendo capaces de amarlos: su bien es conocer la verdad para vivir de acuerdo a ella y poder ser, a su vez, capaces de amar y ser felices.
Y su bien más grande, es Dios. Que nos creó por amor, para el amor, y es la fuente de todo bien, es decir del amor que es lo único que nos puede hacer trascender. La verdad nos hace libres y felices, y nos indica el camino en todas las circunstancias, porque el amor es la única respuesta válida.
Traten en la familia de darle a tu hija un testimonio de amor incondicional, de alegría y de plenitud, porque si ustedes practican su religión y están convencidos de ella, debe de ser fuente de gozo y de apertura hacia el otro. Recuerda aquello de… “tus palabras me mueven, pero tu ejemplo me arrastra”. Si vivieran su religión como fuente de paz, armonía, alegría y felicidad… creo que no hubiera tenido que ir a buscar nada en otro lado…
Escuchen y dialoguen, y ¡busquen la verdad juntos!