¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene retraso mental y cómo lo ayudo?
A manera de introducción, cabe aclarar que el término retraso mental se utiliza en el ámbito médico para describir la adquisición tardía de hitos del desarrollo cognitivo de acuerdo a escalas estandarizadas, sin embargo, bajo el esquema de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año 2001, se recomienda la nominación de “persona con discapacidad intelectual” cuando se ha confirmado el diagnóstico de “retraso mental” para referirse a las personas con limitaciones en dos componentes:
1) El funcionamiento intelectual entendido como funciones de razonamiento, planificación, solución de problemas, pensamiento abstracto, aprendizaje académico y de la experiencia
2) El desarrollo de habilidades adaptativas esperadas para su edad y entorno social, por ejemplo: el desarrollo de lenguaje, la lecto-escritura, la interacción social, la toma de decisiones y el autocuidado
No debe confundirse la “discapacidad intelectual” con la discapacidad psicosocial, ya que ésta se refiere a trastornos psiquiátricos establecidos, que alteran la forma de pensamiento, el ánimo, las relaciones personales y el funcionamiento de la vida cotidiana. Por ejemplo, secundarios a trastorno depresivo, ansiedad trastornos de conducta o de la personalidad.
La terminología anterior se deriva de las recomendaciones de organismos internacionales, que enfatizan la importancia de un correcto uso del lenguaje, que implica no sólo una denominación, sino que engloba actitudes en el trato y discriminación, acceso a servicios y el ejercicio de los derechos reconocidos en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ratificado por México en diciembre del 2007.
Por ello, es incorrecto referirnos a ellos como retrasados, impedidos, minusválidos, discapacitados o incluso como personas con capacidades diferentes.
Otro beneficio de esta actual terminología, es que unifica áreas de conocimiento para referirse a la misma persona desde puntos de vista diversos (por ejemplo médico, psicológico, pedagógico, enfermería, trabajo social, educadores, terapeutas, etcétera) e incluso, relaciona gestiones de servicios, políticas públicas, seguros médicos y homogeniza el modo de registro de datos para generar estadística nacional e internacional.
Nociones previas
El crecimiento y el desarrollo son signos útiles para determinar el estado de salud de los niños/as. El crecimiento se evalúa mediante mediciones repetidas a intervalos regulares que se grafican y comparan en curvas estandarizadas de peso y talla, entre otros; y el desarrollo se refiere a la adquisición de funciones con aumento de la complejidad bioquímica y fisiológica que se vigila mediante escalas de inteligencia (GIPSY, WISC, Raven infantil, Terman Merril, aplicables hasta edad preescolar y escolar), desarrollo motor grueso y fino (Peabody), habilidades cognitivas, lenguaje o escalas globales que combinan los parámetros anteriores (Denver, Bayley).
De manera que podemos distinguir una alteración del crecimiento (por ejemplo, talla baja o peso bajo para la edad) de una alteración del desarrollo (por ejemplo, retardo o retraso motor, de lenguaje o mental). En México, la Guía de Práctica Clínica de Control y Seguimiento de la
Nutrición, el Crecimiento y Desarrollo del Niño Menor de 5 años (en adelante, GPC), sugiere utilizar la Prueba de Denver Revisada en los menores de dos años para evaluar las áreas motor gruesa, fina, lenguaje y socialización, cuando dos áreas en la edad evaluada se encuentran afectadas, equivale al diagnóstico de “retraso en el desarrollo”.
La distinción de estas áreas del desarrollo es de utilidad clínica pero vale la pena aclarar que en ocasiones son interdependientes (por ejemplo el desarrollo de lenguaje va de la mano del desarrollo cognitivo) pero también pueden alterarse de manera aislada de acuerdo a la causa que los produce [etiología]). Por ejemplo, podemos hablar de “trastornos motores puros” que implican integridad cognitiva como algunos tipos de parálisis cerebral, o se puede presentar retraso del lenguaje con un desarrollo motor grueso y fino normal.
Desde el punto de vista de la Psiquiatría, en el Manual Diagnóstico y estadístico de Trastornos Mentales (conocido por sus siglas en inglés DSM-V), el “retraso mental” se cataloga dentro de los trastornos de inicio en la infancia, niñez o adolescencia, de acuerdo a la medición del coeficiente intelectual y plantea cierta gradualidad, que en ámbitos psicopedagógicos y clínicos permite plantear un pronóstico funcional sin afán de ser determinista:
Deficiencia cognitiva según CI Pronóstico funcional
Leve
(50-55 a 70)
Desarrollan habilidades sociales y de comunicación durante la etapa preescolar (1-5 años de edad), presentan mínimas deficiencias sensorio-motoras, adquieren habilidades sociales y laborales para ser autónomos con mínima supervisión.
Moderada
(35-40 a 50-55)
Adquieren habilidades de comunicación en la niñez (3-8 años) y destrezas para su cuidado personal, pueden trasladarse independientemente en lugares cotidianos, pueden realizar trabajos semicualificados, siempre con supervisión.
Grave
(20-25 a 35-40)
Escasa o nula adquisición de un lenguaje comunicativo hasta la edad escolar (6-12 años), pueden aprender habilidades elementales de cuidado personal, algunos conocen el alfabeto y el cálculo simple, en la vida adulta pueden realizar tareas simples estrechamente supervisadas.
Profunda
(20-25)
Presentan alteraciones del funcionamiento sensorio-motor, el desarrollo motor, la comunicación y el cuidado personal pueden aprenderse y adaptarse en un ambiente altamente estructurado con ayudas y supervisión constantes.
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