Mi esposo y yo creemos en diferentes religiones ¿Cómo debemos educar a nuestro hijo?

Esta pregunta es muy importante y muy profunda. Tristemente hoy en día, ya casi nadie suele darle importancia al tema de las creencias religiosas en la familia y esto es una tristeza, porque compartir con tus seres queridos lo más profundo que tenemos como personas, que es nuestra dimensión espiritual, es lo que al final nos hace más felices y nos une con lazos más fuertes. La unión espiritual, es lo que nos permite compartir los valores, la visión de la vida, lo que nos da respuestas en los momentos difíciles y lo que da más cohesión y una amistad profunda entre los miembros de una familia.
Es importantísima también, porque como personas humanas que somos, compartimos las dimensiones que nos caracterizan como tales, y que son las que nos humanizan, distinguiéndonos de los animales: nuestra inteligencia, voluntad, libertad y espiritualidad. De todas estas, la más elevada es la espiritualidad, la que más nos configura, nos eleva y nos humaniza. Por lo tanto, en la forma de unión más completa y fuerte, que es el matrimonio, es vital profundizar en este tema, para poder fortalecer los vínculos de la pareja a todos los niveles: físico, social, afectivo, psicológico y espiritual. De otra manera, no habrá una unión plena.
Como seres a quienes distingue el tener una inteligencia que nos permite conocer nuestra realidad, nuestro entorno, nuestras circunstancias y a nosotros mismos y nuestras distintas dimensiones, es, no solamente una capacidad, sino una responsabilidad de nuestra libertad y una obligación el desarrollarnos de acuerdo a nuestra esencia y estas distintas capacidades que nos conforman. Es decir, para ser verdaderamente lo que somos: personas humanas, tenemos la obligación de desarrollar nuestra inteligencia, conociendo y buscando la verdad; nuestra voluntad, buscando siempre actuar de acuerdo a esa verdad; nuestra afectividad y sociabilidad, haciendo de nuestras relaciones con los demás, vínculos llenos de sentido, armonía y fecundidad; y nuestra espiritualidad, buscando la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino y nuestra vinculación con lo divino, con el mundo sobrenatural, para poder vivir de acuerdo a esa realidad y enfocar nuestra vida a ese fin o trascendencia al que estamos llamados.
Nuestro consejo es que, con toda humildad, disponibilidad y amor, entre ustedes tengan un diálogo en que ambos busquen esa verdad. Esto, como decíamos, es una obligación y la tarea más importante que tenemos las personas humanas, ya que está en juego nuestra trascendencia, nuestra eternidad, y, por supuesto la de nuestros hijos, ya que somos los padres quienes tenemos la influencia más directa en su manera de vivir, de pensar y de relacionarse.
La coherencia es lo que los hijos más valoran en los padres, y es la mejor enseñanza que les podemos dar, porque evitamos que caigan en el relativismo, que no les permite ejercer plenamente ni responsablemente su libertad. No podemos ser irresponsables ni contradictorios. Cuando creemos algo, o vivimos de cierta manera, tenemos forzosamente que poder dar razones de nuestra manera de pensar, nuestras creencias y nuestro modo de enfrentar la vida, la muerte y la trascendencia. Debemos hacerlo por nosotros mismos, por nuestro matrimonio y por nuestros hijos.
El diálogo y la búsqueda compartida de la verdad y del bien, es el principal compromiso que como matrimonio o pareja tenemos que contemplar. Cuando no hay una visión compartida de lo más trascendental, difícilmente se puede lograr una unión verdadera, y sólo logramos confundir a nuestros hijos.
Los invito como pareja a emprender esta aventura, esta búsqueda de la verdad, la más intensa, divertida y plenificante que como personas y pareja podemos tener. Por el bien propio, de nuestros hijos y del mundo.