¿Cómo distingo entre tristeza del duelo normal y depresión?

Si estás viviendo un proceso de duelo, déjame decirte que sentimos mucho la pérdida por la que estás pasando. Para poderte contestar la pregunta que haces, es necesario entender con claridad qué es el duelo y qué es la depresión.

Para la Dra. Girault, la depresión es una enfermedad grave cuyo síndrome incluye muchos síntomas y requiere de un diagnóstico y un tratamiento médico. El duelo no es una enfermedad y no requiere de diagnóstico ni de tratamiento médico: se presenta como una situación pasajera en casos como la pérdida de un ser querido, una situación desfavorable o el enfrentamiento a situaciones aflictivas.
El duelo es un proceso en el que trabajamos para identificar lo que hemos perdido, los sentimientos asociados con nuestra pérdida y quienes somos a partir de que hemos experimentado la pérdida. La importancia del duelo es que nos permite la correcta integración de las experiencias negativas a nuestras vidas. Estar triste a causa de una pérdida no es lo mismo que sufrir depresión. El duelo es una manifestación más del amor que le tienes a la persona que murió. Elisabeth Kübler-Ross, madre de la tanatología moderna, en su libro póstumo Sobre el Duelo y el Dolerse, establece las etapas que vive una persona en su proceso de duelo. Estas etapas no son lineales, es decir, no se vive ‘a’ y luego ‘b’ y superadas estas últimas, pasas a ‘c’. El duelo es desorganizado y tan personal como cada uno de nosotros, no hay reglas.

o Negación: Se refiere al sentimiento de que en realidad la tragedia no pasó. Se comprueba cuando escuchamos frases como “no puedo creerlo”, “se me olvida que se murió”, “no puede ser”.
o Ira: No es lógica o válida. Puede dirigirse a la persona que murió, hacia los doctores, o hacia Dios. Bajo la superficie, la ira esconde mucho dolor. La culpa es ira dirigida hacia uno mismo. Es más fácil perdonar a los demás que perdonarse.
o Negociación: Nos perdemos en los “hubiera”. La culpa es el compañero de la negociación. Negociar permite a nuestra mente moverse de un estado de pérdida a otro. Nos da el tiempo que necesitamos para ajustarnos a la triste realidad de la muerte de un ser querido.
o Depresión: No nos referimos al trastorno afectivo que explicaremos más adelante, sino al sentimiento de vacío que experimentamos. Es normal alejarse un poco de la vida, abrumado por una intensa tristeza. Es la manera en que la naturaleza nos mantiene protegidos cerrando nuestro sistema nervioso para adaptarnos a algo que no sentimos que podemos manejar. Nos ayuda a bajar nuestro ritmo de vida para entender la dimensión de nuestra pérdida. Puede manifestarse como no poder levantarse de la cama, tensión, irritabilidad, inhabilidad de concentración, inhabilidad para involucrarse en las actividades cotidianas… Así se siente tocar fondo.
o Aceptación: No se trata de que estamos de acuerdo con lo que pasó. Aquí aceptamos que nuestro ser querido ha muerto, que no regresará y que esta es nuestra nueva realidad.

Como mencionamos anteriormente, la depresión es trastorno afectivo diagnosticable a partir de síntomas que presenta la persona. Coloquialmente, decimos que estamos deprimidos para referirnos a malestar o tristeza pasajera, un bajo estado de ánimo o una falta de motivación evidente. La depresión afecta a la mente y al cuerpo. Produce cambios en nuestros patrones del sueño, nuestro apetito y nuestra percepción de nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Va más allá de un sufrimiento normal. Debido a los cambios recientes a los manuales internacionales de enfermedades mentales, hay médicos que diagnostican depresión tras sólo dos semanas de la muerte de un ser querido y prescriben antidepresivos o ansiolíticos. ¡Honestamente, todavía no nos ha caído el veinte de lo que estamos experimentando!

Vive tu dolor, date tiempo y no permitas que te falten al respeto diciéndote cómo y qué debes sentir. El duelo es individual y no tiene reglas ni plazos específicos. Toma suficientes líquidos – evita el alcohol. Trata de comer alimentos nutritivos y de dormir por lo menos seis horas diarias. Si puedes, has ejercicio. Practica la autocompasión – realizando actividades que te producen bienestar, dándote unos minutos al día sólo para ti, buscando una cosa por la que agradeces al día, escribe un diario, realizando voluntariado, etcétera.

Si tienes pensamientos suicidas, por favor busca ayuda. Platica con alguien sobre lo que estás sintiendo y lo que piensas hacer al respecto. No estás solo.