Las familias de todo el mundo son maravillosamente diversas. Estas diferencias agregan sabor a la vida. No todos tienen que ser lo mismo para llevarse bien juntos. De hecho, al tener diferentes intereses y capacidades ofrecemos fuerza los unos a los otros, como individuos, familia y ciudadanos de nuestras comunidades.
Aquí hay una aparente paradoja. Como individuos y como familias, todos somos únicos y diferentes. Sin embargo, en el fondo, como seres humanos, somos todos muy similares. Este reconocimiento de las similitudes humanas ha sido la voz de innumerables personas en diversos ámbitos de la vida – novelistas, poetas, sociólogos, antropólogos, cantantes y compositores, economistas, psicólogos, educadores.
Por ejemplo, el difunto James A. Michener, un novelista que se describió como un ciudadano del mundo, dedicó su vida a la comprensión de la gente en todo el mundo. Michener escribió acerca de lo que vio y escuchó. Llegó a la conclusión de que: “Todos somos hermanos [Y hermanas]. Todos nos enfrentamos a los mismos problemas y buscamos encontrar las mismas satisfacciones. Estamos unidos en una gran banda. Yo soy uno con todos, en todas las tierras, en todos los climas, en todas las condiciones.
El antropólogo Colin Turnbull dedicó su vida al estudio de la naturaleza de la cultura humana en todo el mundo y desafió a la secular civilización occidental con sus suposiciones acerca de las diferencias entre las llamadas sociedades primitivas y las sociedades modernas. En su libro “El Ciclo Humano”, Turnbull (1983) examina culturas tan dispares como los Mbuti de Zaire, los hindúes de Benarés y de clase media de la sociedad occidental. Describió la vida humana como un ciclo que se experimenta en cada uno de estos cultivos y demostró que desde la infancia hasta la vejez, las etapas de la vida son idénticas en todas las culturas.
Turnbull cree que los problemas acerca del amor, el trabajo, la soledad, de la edad, son universales, y también argumentó que estos problemas puede ser manejado mucho mejor por algunas de las sociedades primitivas. Llegó a la conclusión de que detrás de todo los ritos, costumbres y religiones, personas en diversas culturas viven en el mismo eterno, humano e inmutable ciclo, que se rige por las mismas leyes. Existen similitudes notables entre familias que se sienten bien acerca de sus vidas, que les gusta estar juntos y expresan su satisfacción en su competencia, en hacer frente a los desafíos que la vida trae. Estas similitudes son mucho más reales que las diferencias de cultura a cultura.
En el mundo entero, en todas las culturas y en todos los tiempos, las familias fuertes se han distinguido por:
– El aprecio mutuo y el afecto
– Generar espacios de libertad
– Desarrollar un sincero compromiso
– Tener una comunicación positiva
– Gustar de pasar tiempo juntos
– Ser flexibles en lo económico sin darle la prioridad en todo
– Gozar de un bienestar espiritual
– Su capacidad de hacer frente a la crisis y el estrés