El compromiso en la familia

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Es curioso este asunto de vivir. Llegamos a la vida sin que nadie nos haya pedido permiso, y nos encontramos subidos al tren del tiempo que no para nunca. ¿Por qué el ser humano no se baja de él? Algunos lo hacen y a todos nos causa tristeza el suicidio de alguien. ¿Qué tuvo que haber vivido esta persona para lanzarse a lo desconocido y dejar el tren de la vida?

 

A medida que crecemos necesitamos echar raíces que den sentido a quienes somos y a lo que hacemos. Necesitamos encontrar razones para vivir y lo que es más importante, comprometernos con ellas. ¿Quién se siente más comprometido para seguir en este tren que es la vida, el maquinista que se siente responsable de que el tren llegue al destino o el simple viajero? El compromiso con los otros nace de la responsabilidad que sentimos hacia los otros.

 

La palabra compromiso deriva del término latino compromissum y se utiliza para describir a una obligación que se ha contraído o a una palabra ya dada. Por ejemplo: “Mañana a las cinco de la tarde paso por tu casa, es un compromiso”. El compromiso se da en relación a otra persona. Ella espera esa respuesta de mi parte. Yo he orientado mi libertad para cumplir la expectativa que se tiene de mí. Es fundamentalmente un acto libre y voluntario.

 

Se dice que una persona se encuentra comprometida con algo cuando cumple con sus obligaciones, con aquello que se ha propuesto o que le ha sido encomendado. Es decir que vive, planifica y reacciona de forma acertada para conseguir sacar adelante un proyecto, una familia, el trabajo, sus estudios, etc. Para que exista un compromiso es necesario que haya conocimiento. Es decir, no podemos estar comprometidos a hacer algo si desconocemos los aspectos de ese compromiso, de las obligaciones que supone. De todas formas se considera que una persona está realmente comprometida con un proyecto cuando actúa en pos de alcanzar objetivos por encima de lo que se espera.

 

En una familia, por ejemplo existen diferentes grados de compromiso, de acuerdo al rol que cada persona ocupa dentro del grupo. Los padres tienen la obligación no sólo de proporcionar a sus hijos los medios materiales para subsistir, sino también espirituales, es decir deben acompañarlos, apoyarlos, conversar, jugar con ellos. Por otro lado, tienen un compromiso con su pareja con quien deben tener una relación de mutuo respeto, avivar el amor y cuidar todos los aspectos de la relación, ir de paseo juntos, disfrutar del tiempo de pareja, ser cariñosos y cuidarse entre sí.

 

¿Qué hace que este compromiso se cumpla con agrado? Que ha sido mi elección y que esta está movida por el afecto y el cariño hacia alguien. La madre de familia se podrá quejar de no dormir en la noche, pero ella le da el pecho a su hijo, no por cumplir sino porque le quiere y es capaz de sacrificarse. Cuanto más vivo el amor menos se siente el compromiso como un deber sino como algo que yo quiero, elijo y busco. ¿Qué necesidad tiene el hijo de dar un beso a su madre o que necesidad subyuga al novio enamorado para llevarle flores a su novia? El afecto hace suave la pendiente del compromiso.

 

La primera cualidad que hace una familia fuerte es el grado de compromiso que sienten los miembros que la forman con su propia familia. Han echado raíces y las alimentan con la vida. El compromiso da sentido y hace que nuestras preocupaciones no giren entorno a nosotros mismos, sino en orden a los otros, en este caso, mi familia. Es interesante pensar cómo puedo fortalecer el grado de compromiso que yo tengo con mi familia. ¿De qué me siento responsable yo en concreto para que mi hogar sea más agradable para todos? ¿Me ocupo de alguna tarea concreta de la casa o me dejo servir? ¿Realizo mi trabajo con sentido de compromiso para ayudar a mis hijos? ¿Me preocupa y ocupa las dificultades que cada uno de ellos tiene? ¿Me aplico propositivamente a resolverlas? ¿Me alegra cuando se soluciona un obstáculo o se arregla una avería? ¿Con que me suelo distraer mentalmente: con mis cosas o con las cosas de mi familia o de alguno de ellos?

 

El compromiso que logre tener para con mi familia, será importante para crecer en el sentido que yo le encuentre a la vida.

 

El aprecio y el afecto

La gente en las familias fuertes se preocupan profundamente por los demás, y dejan que los demás lo sepan regularmente. En algunas culturas es relativamente poco común para expresar aprecio y afecto de manera abierta y estos sentimientos se comunican de manera más indirecta. La clave es que los miembros de la familia son conscientes de la otras emociones positivas se siente. La gente infeliz en las familias a menudo se centran en intercambios negativos, pero creemos que caricias positivas superan a negativo andanadas de familias fuertes por un amplio margen. Una familia, por ejemplo, desarrolló una excelente técnica para mantener el hogar sea un lugar positivo. Si un miembro de la familia siente la necesidad de criticar a otro miembro, debe mantener una razón de diez golpes positivos a una declaración crítica. ‘Nosotros criticarse unos a otros de vez en cuando en nuestra familia –el padre le explicó– pero tratamos de criticar con amabilidad. Y tratamos de asegurarnos de que expresen también cualidades de la persona’.

 

 

 

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