Aprecio y afecto mutuo en la familia

Es de todos conocido, el caso de las mellizas. Al nacer estuvieron en la incubadora pero una de ellas no tenía esperanza de vida y a la jefa de enfermeras de ese hospital se le ocurrió, aún en contra de las reglas del hospital, ponerlas juntas. Lo más hermoso fue cuando al ponerlas juntas, la bebé que estaba bien abrazó a su hermanita regulando con el calor de su cuerpo la temperatura y el pulso, fue así que logro estabilizar el ritmo cardíaco de su melliza.

Como este ejemplo hay muchos, lo que demuestra la necesidad que tenemos de experimentar el aprecio y afecto de otros, incluso nuestro cuerpo mejora físicamente. Como seres eminentemente sociales, se da en nosotros una necesidad de establecer relaciones. Estas nos influyen y cuando son positivas, de reconocimiento, aceptación y valoración de nuestra persona, nos construyen y dan seguridad. Las familias en las que estas muestras de aprecio y afecto mutuo se dan de forma habitual, son aquellas que hacen mayor bien a sus miembros. Gracias a los vínculos emocionales positivos que se dan entre los miembros, existe la confianza de que expresen sus sentimientos con palabras, gestos y acciones en un clima de respeto, humor y cordialidad.

En la familia somos quienes somos, sin necesidad de hacer nada particular para ser aceptados; somos hijos, padres o hermanos. Pero cuando esta aceptación positiva se manifiesta, entonces estar en casa, con los míos, es una “gozada”. Este aprecio y afecto mutuo es necesario aprender a expresarlo. Hay personas más tímidas y otras más expresivas, pero cada quien tiene que encontrar la forma de dar a conocer lo que siente por el otro. Puede ser con palabras de afirmación, de reconocimiento de las cualidades del otro, de admiración; puede ser con un detalle, un acto de servicio, con un regalo, con agradecimiento y valoración por un bien cotidiano recibido, aunque sea tan habitual como la comida de todos los días. Un abrazo, un apretón de manos, una sonrisa…todos ellos son gestos que le comunican al otro, que le quiero y le valoro, que para mí es importante y mi vida es más feliz gracias a él.

Quien recibe estas muestras, generalmente, buscará el modo de agradecerlas y manifestar ese cariño mutuo. Hay que estar atentos a las oportunidades, que dentro de la vida cotidiana son innumerables. Encontrar amistades verdaderas en la vida es todo un reto. Un amigo es una persona que bien me quiere, y con quien puedo contar en las buenas y en las malas. Hay personas que congenian más unas con otras. Es natural. Las muestras de aprecio y afecto en la familia, pueden desembocar en la creación de verdaderos lazos de amistad entre los miembros de la familia. Cuando en mi hogar sé que puedo encontrar un buen consejo, una ayuda para llevar a cabo un proyecto, una corrección que necesito escuchar para cambiar, es decir cuando con alguien o con varios encuentro una relación de amistad, entonces mi familia es el mejor lugar para vivir.