Por. Mtra. Carla Roel de Hoffmann
El suicidio se define como el acto deliberado para causar la propia muerte. A nivel global es la décima causa de muerte. El suicidio infantil es el secreto mejor guardado de nuestra sociedad: niños desde los siete años mueren por esta causa. En la población de entre 10 y 14 años, suele ser la cuarta causa de muerte.
La Centers for Disease Control and Prevention (CDC) reporta que entre el 12 y el 25 % de los niños y adolescentes han tenido pensamientos suicidas en algún momento. Por cada suicidio exitoso hay entre 25 y 100 intentos de suicidio. El método elegido para provocar la propia muerte está directamente relacionado con el éxito de la acción: los varones eligen métodos más eficaces como el uso de armas de fuego y sofocamientos o ahorcamientos; mientras que las mujeres utilizan el envenenamiento como el método más común.
El suicidio es multifactorial. Por lo general, en niños y adolescentes es un modo de salir de una situación que se percibe como desesperada. Algunos factores que pueden incrementar la idealización suicida en niños y adolescentes son:
– Desórdenes psicológicos
– Ansiedad, irritabilidad, desesperanza
– Impulsividad
– Intentos de suicidio previos
– Historia familiar de depresión y suicidio
– Abuso físico, sexual o emocional
– Falta de una red de apoyo
– Experimentar deseos bisexuales u homosexuales
– Negligencia emocional
– Abuso de drogas y alcohol
– Acoso escolar
– Acceso a armas de fuego
Aunque en muchas ocasiones el niño o el adolescente hable de quitarse la vida sin realmente desearlo y planearlo, siempre hay que prestar atención a lo que manifiestan y tratar de averiguar hasta dónde se trata de palabrería y cuándo estamos en presencia de un riesgo real para buscar ayuda a la brevedad. Este no es un tema en el que podemos ser negligentes. Algunas de las señales de alarma son:
– Dormir mucho o muy poco
– Pérdida de apetito y/o de peso
– Aislamiento
– Pérdida de interés en las actividades preferidas
– Agresividad física o psicológica
– Abuso de alcohol o drogas
– Falta de preocupación por la apariencia y la higiene
– Correr riesgos innecesarios
– Interés por la muerte y por el suicidio
– Desprenderse de bienes que le son queridos
– Dificultad para concentrarse
– Mensajes de despedida
– Pensamientos negativos respecto a uno mismo
El suicidio se puede prevenir. La disposición a escuchar y acompañar al niño o al adolescente que sufre, es definitiva para prevenir una tragedia.